¿Maldad o Ineficiencia?

Published on October 3, 2026 at 2:39 PM

¿Maldad o ineficiencia?.

Durante más de seis décadas, el Gobierno cubano ha atribuido el deterioro económico de la isla a factores externos. Sin embargo, la historia productiva de Cuba plantea una pregunta inevitable:

¿Cómo un país que fue una potencia agrícola e industrial del Caribe terminó produciendo menos azúcar que antes de la Guerra de los Diez Años, importando buena parte de sus alimentos y enfrentando una de las mayores crisis económicas de su historia?

La respuesta no puede encontrarse en un solo factor. Pero los datos permiten sostener que una parte fundamental del deterioro de la producción nacional comenzó mucho antes de las medidas internacionales más recientes y coincide con la aplicación prolongada de un modelo económico altamente centralizado.

El colapso de la industria azucarera.

El ejemplo más dramático es la industria azucarera. En 1867, antes del inicio de la Guerra de los Diez Años, Cuba produjo alrededor de 597.000 toneladas de azúcar.

Más de un siglo después, a finales de la década de 1980, la producción superaba los ocho millones de toneladas anuales. Sin embargo, ese nivel de producción estuvo estrechamente vinculado al enorme apoyo económico de la Unión Soviética, que proporcionaba petróleo, maquinaria y mercados preferenciales para el azúcar cubano.

Cuando el bloque soviético colapsó en 1991, ese andamiaje externo se derrumbó y la producción azucarera inició un prolongado descenso que las reformas internas no lograron revertir. El resultado actual es extraordinario por su magnitud. En 2025, la producción cubana de azúcar cayó por debajo de las 200.000 toneladas, según estimaciones reportadas por Reuters, un nivel que no se veía desde el siglo XIX.

Cuba llegó así a producir menos azúcar que en una época en la que la caña se cortaba con machete y la industria utilizaba tecnologías propias del siglo XIX.

La ganadería: de recurso abundante a producto inaccesible.

La ganadería refleja un deterioro igualmente profundo. En la década de 1950, Cuba contaba con una importante actividad ganadera y una producción considerable de carne y leche. Datos históricos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos muestran que la producción de carne vacuna y de ternera alcanzó aproximadamente 183.500 toneladas en 1958 y que la producción comercial de leche se situaba alrededor de 750.000 a 800.000 toneladas anuales a mediados de esa década.

Después de 1959, la actividad ganadera sufrió importantes alteraciones. Entre ellas estuvieron los cambios derivados de la reforma agraria, las regulaciones estatales y las restricciones al sacrificio de ganado.

En 1960, el Gobierno estableció permisos obligatorios para el sacrificio de ganado, y posteriormente se impusieron sanciones penales al sacrificio no autorizado. La producción de carne vacuna cayó de aproximadamente 183.500 toneladas en 1958 a unas 130.000 en 1961, mientras comenzaban también las restricciones y el racionamiento de carne. Con el paso de las décadas, la carne de res dejó de formar parte habitual de la dieta de buena parte de la población cubana.

La cuestión económica es evidente: cuando los productores carecen de autonomía sobre sus activos, enfrentan restricciones severas para disponer de ellos y operan bajo un sistema de precios e incentivos determinado administrativamente, los incentivos para invertir, ampliar los rebaños y aumentar la productividad pueden verse profundamente afectados.

La agricultura: de potencia exportadora a dependencia de las importaciones.

La agricultura siguió un camino similar.

El café, históricamente uno de los productos emblemáticos de Cuba, redujo drásticamente su producción. Los cítricos dejaron de tener el peso que alguna vez alcanzaron como industria exportadora. La producción nacional de alimentos básicos tampoco consiguió satisfacer las necesidades internas. El arroz, los frijoles y otros productos esenciales comenzaron a depender cada vez más de las importaciones.

La paradoja es difícil de ignorar:

un país con tierras cultivables, tradición agrícola y condiciones naturales favorables terminó dependiendo del exterior para alimentar a una parte importante de su población.

La industria y la infraestructura.

La industria tampoco escapó al deterioro.

El cierre de fábricas, la falta de mantenimiento, la obsolescencia tecnológica y la insuficiente inversión contribuyeron al descenso de la producción nacional de cemento, materiales de construcción y manufacturas. La infraestructura energética envejeció mientras la capacidad de generación se deterioraba, contribuyendo a prolongados apagones que afectan a hogares, hospitales, industrias y comercios.

La crisis energética actual no puede analizarse únicamente desde los acontecimientos de los últimos años. También debe considerarse el efecto acumulado de décadas de inversión insuficiente, deterioro de las instalaciones, falta de combustible y problemas estructurales de gestión.

Las 176 transformaciones de 2026.

Resulta especialmente revelador que, en junio de 2026, el Gobierno cubano aprobara un paquete de 176 transformaciones económicas y sociales, agrupadas en 23 ejes temáticos. El conjunto incluye medidas destinadas a ampliar el espacio de los actores privados, modificar las reglas de funcionamiento de las empresas estatales, descentralizar determinadas decisiones, facilitar la inversión y transformar aspectos del sistema financiero y del comercio exterior.

Algunas de estas transformaciones representan cambios significativos respecto de restricciones que habían caracterizado durante décadas al sistema económico cubano. Entre ellas se encuentran la autorización de determinadas formas de banca privada, una mayor apertura a la inversión y modificaciones en el funcionamiento de las empresas estatales y privadas.

Esto plantea una pregunta inevitable:

Si estas medidas son hoy necesarias para intentar rescatar la economía, ¿por qué no se aplicaron con mayor profundidad veinte o treinta años atrás, cuando ya eran evidentes los problemas de la producción azucarera, la ganadería, la agricultura y la industria?

La pregunta no pretende negar el impacto de factores externos sobre la economía cubana. Pretende examinar cuánto peso corresponde a las decisiones tomadas dentro del propio país.

¿Maldad o ineficiencia?.

La aprobación de estas reformas puede interpretarse como un reconocimiento de que determinadas políticas económicas anteriores no produjeron los resultados esperados.

Pero ninguna medida anunciada recientemente puede explicar por sí sola la destrucción acumulada durante décadas. Los principales indicadores productivos comenzaron a deteriorarse en diferentes momentos y por diferentes razones. La desaparición del apoyo soviético después de 1991, la falta de inversión, los problemas de gestión, la obsolescencia tecnológica, las restricciones internas y las medidas internacionales forman parte de una historia compleja que no admite una explicación basada en un solo factor.

Precisamente por eso, la cronología resulta fundamental.

Antes de preguntar quién tiene la culpa, hay que preguntar cuándo comenzó cada deterioro, qué políticas estaban vigentes en ese momento y qué decisiones fueron tomadas para corregirlo.

La historia económica de Cuba no es simplemente la historia de una crisis.

Es también la historia de un prolongado retroceso productivo.

Y ese retroceso obliga a formular una pregunta que continúa abierta:

¿Estamos ante el resultado de la maldad, de la ineficiencia o de una combinación destructiva de ambas?.

La respuesta definitiva corresponde al análisis de los hechos, de las políticas aplicadas y de sus consecuencias.

Lo que resulta difícil de negar es que, después de décadas de decisiones económicas centralizadas, Cuba enfrenta hoy el desafío de reconstruir sectores productivos que alguna vez estuvieron entre los más importantes de su economía.

La pregunta ya no es solamente qué salió mal.

La pregunta es cuánto tiempo más puede permitirse Cuba seguir equivocándose.

Lic. Emilio Díaz